Hay algo que siempre me ha fascinado de los restaurantes: su capacidad de convertirse en parte de nuestros recuerdos. Una primera cita, una celebración familiar, una cena improvisada entre amigos o incluso una conversación que termina alargándose hasta el cierre.
Muy pocas veces nos acordamos exactamente de lo que comimos, pero sí recordamos cómo nos sentimos, con quién estábamos y qué hizo especial aquel momento.
Para mí, ahí es donde comienza la verdadera hospitalidad. Y también donde empieza mi trabajo.
Porque contar la historia de un restaurante va mucho más allá de enseñar un plato bonito o anunciar una nueva apertura. Se trata de transmitir una identidad, despertar curiosidad y crear una conexión emocional que haga que alguien quiera descubrir ese lugar y, sobre todo, regresar.
De Ciudad de México a Nueva York: una misma pasión por la gastronomía
Mi carrera en el marketing gastronómico me ha llevado a trabajar en ciudades tan distintas como Ciudad de México y Nueva York, dos lugares con escenas culinarias extraordinarias y una capacidad única de reinventarse.
En México tuve la oportunidad de trabajar con Grupo Hunan, uno de los grupos de restauración más importantes del país, al que le debo muchísimo. Fue una experiencia que impulsó mi carrera y, sobre todo, donde descubrí que el marketing gastronómico era realmente mi pasión.
Trabajar con conceptos tan diferentes me permitió entender que no existe una fórmula universal para comunicar un restaurante. Cada marca tiene su propia personalidad, su público, su energía y, sobre todo, una historia que merece ser contada de manera única.
Hoy trabajo como Marketing Manager en The Dinex Group, el grupo de restaurantes del chef Daniel Boulud, donde participo en el desarrollo y posicionamiento de nuestras marcas, estrategias de marketing, campañas creativas, aperturas, colaboraciones y experiencias para algunos de los restaurantes más reconocidos de Nueva York.
Una de las partes que más disfruto de mi trabajo es precisamente desarrollar la identidad de cada marca y encontrar la mejor manera de contar su historia para que las personas conecten con nosotros. Al mismo tiempo, tengo la responsabilidad y el privilegio de contribuir a preservar y dar continuidad al extraordinario legado gastronómico de Daniel Boulud, adaptando su filosofía y su visión de la hospitalidad a nuevas generaciones de comensales.
Trabajar en un entorno donde la excelencia culinaria y el servicio son fundamentales me ha enseñado algo importante: una gran experiencia gastronómica no empieza cuando el comensal se sienta a la mesa, ni termina cuando paga la cuenta.
Empieza mucho antes, quizás con una fotografía, una recomendación o una historia que despierta su interés. Y continúa después, cuando comparte su experiencia, recomienda el restaurante o decide volver para celebrar otra ocasión especial.
La autenticidad y la conexión como esencia del marketing gastronómico
Para mí, el marketing gastronómico parte de dos elementos fundamentales: la autenticidad y la conexión.
Creo que las marcas que realmente consiguen conectar con las personas son aquellas que tienen una identidad clara, que saben transmitir quiénes son y que hacen sentir al comensal parte de su historia.
Hoy, más que nunca, los clientes buscan experiencias personalizadas. Ya no basta con ofrecer una excelente propuesta gastronómica o un servicio impecable. Las personas quieren sentirse reconocidas, valoradas y, sobre todo, especiales.
Por eso, cuando desarrollamos una campaña o pensamos en la experiencia del comensal, me gusta ir más allá de las redes sociales o de los resultados inmediatos. Me pregunto qué queremos que sienta, qué queremos que recuerde y cómo podemos conseguir que cada interacción sea significativa.
A veces, los detalles más pequeños son los que generan el mayor impacto. Una nota personalizada esperando a un cliente habitual en su mesa, un correo de agradecimiento después de su primera visita o simplemente recordar cómo le gusta tomar su cóctel favorito.
Son gestos que pueden parecer sencillos, pero que transforman una visita en una relación.
Una fotografía puede transmitir la energía de una sala. Un menú puede contar la historia de un ingrediente o de una tradición. Una colaboración puede conectar un restaurante con el mundo del arte, la moda o la música. Y un pequeño detalle durante una cena puede convertirse en lo que el cliente recuerde durante años.
Un ejemplo fue la campaña que desarrollamos para el Mundial de Fútbol 2026 en varios restaurantes de Daniel Boulud en Nueva York.
En lugar de limitarnos a ofrecer propuestas gastronómicas especiales, quisimos crear una experiencia que invitara a los comensales a participar. Diseñamos un juego de predicciones a través de códigos QR, cócteles y platos inspirados en el torneo, además de contenidos digitales que conectaban el fútbol con la identidad de cada restaurante.
Lo interesante no fue solamente la campaña en sí, sino cómo conseguimos transformar un acontecimiento deportivo en una oportunidad para crear comunidad, conversación y nuevas experiencias alrededor de la mesa.
Para mí, ese es el verdadero potencial del marketing en la hospitalidad: no limitarse a comunicar lo que sucede dentro de un restaurante, sino contribuir a crear momentos que merezcan ser recordados.
Roma y Condesa: barrios donde la gastronomía forma parte de la cultura
Hay algo de la Roma y la Condesa que siempre me ha parecido especial. Son barrios donde la gastronomía convive de manera natural con el diseño, el arte, la moda, la arquitectura y la vida cotidiana.
Un restaurante no es simplemente un lugar al que vamos a comer. Puede convertirse en el punto de encuentro de un grupo de amigos, en una extensión del barrio o incluso en un espacio que termina definiendo una etapa de nuestras vidas.
Y creo que eso es lo que hace tan interesante la escena gastronómica de Ciudad de México.
La industria gastronómica de la ciudad está creciendo a un ritmo extraordinario. Constantemente surgen nuevas aperturas, propuestas innovadoras y conceptos que buscan hacerse un lugar en un mercado cada vez más competitivo.
La competencia es increíble, pero también lo son el talento, la creatividad y la diversidad de propuestas que encontramos. Sin duda, considero que Ciudad de México es una de las ciudades más interesantes del mundo en términos de cultura y oferta gastronómica.
Lo que más me entusiasma es que, a pesar de este crecimiento, siguen apareciendo conceptos con identidades muy auténticas. Restaurantes que no buscan simplemente seguir una tendencia, sino aportar algo propio a la ciudad.
Y en un mercado con tantas opciones, creo que la verdadera diferenciación está en esa autenticidad: en tener una historia que contar, una personalidad reconocible y la capacidad de construir relaciones duraderas con los comensales.
Mirar la gastronomía desde otra perspectiva
Haber vivido y trabajado en diferentes países me ha permitido descubrir que, aunque las culturas gastronómicas sean distintas, hay algo que compartimos: nos gusta reunirnos alrededor de una mesa.
Desde Nueva York hasta Ciudad de México, pasando por París, Madrid o Shanghái, los restaurantes reflejan mucho más que una cocina. Hablan de las personas, de sus costumbres, de la creatividad de una ciudad y de cómo elegimos compartir nuestro tiempo.
Me interesa explorar precisamente esa conexión entre gastronomía, cultura,
