Una escultura de fibras en tonos ocres y azules destaca en una casona histórica de la Roma, donde visitantes conversan entre molduras y ventanales al jardín.
En esta jungla de concreto y mil pendientes, encontrar un momento que realmente valga la pena es un lujo. ¿Qué tal si te digo que hay planes que te transportan, que te nutren el alma, y que además, están a la vuelta de la esquina en la Roma?
Para los que siempre dicen que no tienen tiempo: En la Roma Condesa, una nueva ola de subastas de arte privadas transforma casonas históricas en escenarios vibrantes donde la historia y la creatividad convergen.
La Roma, con sus calles arboladas y sus fachadas que cuentan mil historias, siempre ha sido un imán para los que buscan algo diferente. Pero en los últimos meses, el barrio ha elevado la apuesta. Olvídate de las galerías con guardias y el silencio solemne de los museos. Aquí, el arte se ha mudado a casa, a esas casonas que hemos admirado mil veces al pasar, con sus balcones de hierro forjado y sus ventanales que prometen secretos. Es como si el alma artística de la CDMX hubiera encontrado su refugio más auténtico.
Para mí, que cada minuto cuenta y elijo con lupa dónde invierto mi tiempo, esta nueva tendencia es un oasis. ¿Por qué? Porque no es solo ver arte; es vivir una experiencia completa, curada, sin el bullicio de las grandes ferias. El arte moderno y contemporáneo mexicano está en plena ebullición, y en estas casonas, puedes encontrarte de frente con piezas de artistas que van desde un Siqueiros o un Tamayo, hasta la obra vibrante de talentos contemporáneos como Gabriel Orozco o Bosco Sodi. Es una oportunidad para conectar con lo que realmente está moviendo la escena, con obras que, además de bellas, se sienten vivas.
Lo que me encanta es que no son subastas masivas. Piensa en eventos “pop-up”, temáticos, que aparecen de repente en una casona específica de la Roma Norte o Sur. Un día es una colección de bocetos de muralistas, al siguiente, la obra de un artista emergente que está dando de qué hablar. Es un plan perfecto sin reservar con meses de anticipación, solo tienes que estar atento. Me contaron, por ejemplo, de la subasta “Colección Privada: Ecos del Muralismo” que se armó en una impresionante casona de Colima 232. No solo era la posibilidad de ver piezas increíbles, sino que terminaba con una cena íntima en los mismos salones donde se exhibían las obras. Dicen que un estudio inédito de Diego Rivera voló por encima de lo esperado. ¡Imagínate la historia que te llevas a casa!
Y no solo es para los coleccionistas de siempre. También he visto eventos como “Nuevos Talentos de la Roma: Venta Curada” en una casona de Álvaro Obregón 185. Ahí, podías platicar directamente con los artistas, entender su proceso, su visión. Un joven escultor del barrio vendió un par de piezas a un coleccionista internacional, y ver esa conexión, ese impulso a la creatividad local, es algo que te recarga. Para los que buscamos invertir en cosas que realmente tienen valor, que trascienden, el arte se ha vuelto un refugio. No solo es una pieza bonita para la pared; es un activo que crece, que cuenta una historia y que, en estas casonas, sientes que estás adquiriendo un pedazo de historia viva.
Y sí, aunque son eventos muy de “tú a tú”, la tecnología está ahí para facilitar todo. Catálogos digitales interactivos que puedes consultar desde tu celular, pre-registros online para que tu entrada sea fluida y, para algunos, hasta opciones de puja remota. Pero lo mejor es la experiencia completa